Hacer un libro en tiempos de crisis

Caen las ventas y se achican las editoriales. Publicar se convirtió en una odisea. Sin embargo, acá estamos.

Uno de los desafíos a la hora de escribir un libro es el de enfrentar a la hoja en blanco. Una vez vencido eso, llega una instancia todavía más difícil: la publicación.

En un contexto de crisis, los números de la industria editorial no son ajenos a los problemas del país: 2017 fue el peor de los últimos 12 años en ventas y alcanzó el récord de déficit comercial (US$ 101.5 millones) desde que el sector tiene mediciones, según la Cámara Argentina del Libro (CAL). Los números de la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP) no difieren en demasiado: en 2017 cayó un 14% la publicación de libros y la venta del sector privado disminuyó en 1 millón de ejemplares.

La pregunta que sobrevuela el libro es “¿A quién le importan las Inferiores?”, pero en un comienzo había sido ¿a qué editorial le podrían importar las Inferiores?

Hubo que revivir vínculos del pasado y apelar a diferentes contactos que nos pudieran tender un puente en un mundo desconocido. Una especie de dossier con la propuesta  fue analizada por editores y especialistas. Las respuestas, en general, coincidían: “la idea está buena, pero el momento no es el mejor”.

Así llegamos hasta una de las grandes editoriales del país. Primero, no pasó el filtro del área de deportes. Se contactaron después cuando salió a la luz el escándalo de los abusos. No fue suficiente: a esa altura, publicar un libro de un tema marginal era un riesgo excesivo para las corporaciones. Al menos el mensaje final fue esperanzador: “prueben por otro lado”.

En una mañana de julio, el gerente comercial de una importante cadena nos recibió en su oficina. Después de contarnos el triste panorama del mercado con claridad y pedagogía, coincidió en el diagnóstico: “Acá la cosa está complicada, pero cómo sea y en dónde sea, el libro tiene que salir”.

Una firma que publica libros de deportes con temáticas sociales pidió un borrador, pero la incertidumbre con los plazos de publicación nos impidió seguir avanzando.

En los últimos años, el mercado editorial vivió un proceso de concentración. Además, algunos sellos redujeron hasta un 50% la cantidad de títulos publicados y otros despidieron parte de su personal. Hay autores que, dos años después de entregar la versión final, aún esperan que su obra salga a luz. El precio del papel se disparó y la impresión para la mayoría se convirtió en una odisea. El porcentaje de retención de las cadenas vendedoras también va en detrimento de los pequeños autores.

No dejamos que nada detenga nuestra ilusión. Apelamos a familiares, amigos y a nuestros ahorros para seguir adelante. Consideramos que esta historia merece ser publicada y ser conocida de manera urgente. El negocio probablemente sea malo en proporción al trabajo y tiempo que nos llevó.

Decidimos publicarlo por nuestra cuenta, en los plazos imaginados desde un principio y siendo dueños de la totalidad del valor de tapa. Eso no hubiera sido posible sin el eximio editor con el que contamos y la excelencia de las responsables de la producción editorial que nos fueron marcando el camino.

Dice José Hernández en su célebre poema Martín Fierro que “el ave solitaria con el cantar se consuela”. La escritura fue el antídoto para no bajar los brazos. Siguiendo con el consejo del gaucho, también hubo que hacerle caso en la ley primera porque “si entre ellos se pelean, los devoran los de afuera”.